El arte, para que sea buen arte, debe responder al
equilibrio forma-contenido. Ni muy para acá ni muy para allá, pues caeríamos en
los errores conocidos de la
Historia. Debe responder a su objetivo y ejecutar a plenitud
su función. Debe ser libre de expresar la experimentación estética, libre de
sobrepasar las barreras ideológicas, pues tanto el que favorece a una ideología
como el que la contradice está contextualizado y esto es muy importante.
La política es libre de establecer los mecanismos que disponga
para mantener la clase en el poder, pero no puede imponer qué es arte y qué no
lo es, o si uno es mejor arte que otro. Pues el deber del arte no es la
servidumbre ni la humillación. Los delantales entristecen y empobrecen el alma
orgullosa del arte. Arte tendrá quien siembre arte.
Y es esa la función que el arte debe tener en nuestra
sociedad. Ya los mecanismos sociales se encargarán de balancear los
"partidos artísticos" si así lo cree conveniente la santísima
sociedad.
Queda reflexionar acerca de la propiedad del arte. ¿Quién es
dueño de sentir y de hacer sentir?
El arte no es una élite, pero la observación nos dice que no
es de masa. Pero, ¿es justo que las emociones pertenezcan solo a un grupo
reducido de nuestra sociedad? ¡Claro que no! Pero la observación y estudio no
dice otra cosa. Nos dice que aquel que no tenga intelecto suficiente para
desenredar el puzzle de una metáfora no podrá pasar por la experiencia
estética, no podrá, en otras palabras, sentir el arte a plenitud o quizás ni lo
llegue a sentir.
Entonces el arte no es responsable de las insuficiencias de
la sociedad, debido a que es esta última quien debe ocuparse de instruir en el
conocimiento. El arte es un ave todavía pequeña, que solo se posará en el
hombro de aquel que la sepa atraer con el alpiste del conocimiento.

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